Sin querer
Cuando volvás por casa
y el guayabo y los libros vuelvan a crecer
y ya no tengan las goteras
la latitud del iris y del techo.
Cuando volvás por casa
y desempaqués de nuevo tus olvidos
como si nunca me hubieras olvidado nunca.
Cuando sin querer y sin quererme
me abracés de nuevo frente a la cocina verde,
me repitás palabra por palabra, inagotable y frágil,
oxidada y callada, ese poema
que aprendiste de memoria de tu cuerpo.
Cuando sin querer y sin quererme,
cuando volvás por casa.